Una de las secuelas tangibles del COVID-19, es el hambre que se enseñorea en la población humilde, en la que no percibe sueldo o salario fijo, los que día a día trabajan por el sustento de su familia.
Voluntarios de GARVOL y JÓVENES EN ACCIÓN, identificaron esta necesidad y tocaron puertas, para paliar esta necesidad, respondieron desde Suiza los Residentes Bolivianos y la señora Jessika Hurtado, sensibles ante esta realidad que vive Mineros, siendo los mototaxistas los que se beneficiaron con 16 quintales de arroz y 100 kilos de pollos.
Dirigentes de ocho cooperativas agradecieron el gesto, y pusieron en alto el trabajo de los jóvenes voluntarios en diversas actividades contra la pandemia; recordando que con la ayuda anterior, se elaboró panes que entregaron a los asociados.
Es la situación que confrontan muchas personas, que quedaron sin fuentes de trabajo, o que deben empezar de “0”, ya que por noventa días sin trabajar quedan en situación económica difícil de afrontar, porque vendrán las facturas de agua, energía eléctrica, alquileres, teléfono, etc.
Aprovechamos de hacer un llamado de solidaridad a nombre de los con pobladores de Minero que se dedican a la agricultura, que solo son jornaleros, familias que tiene más de cinco hijos, viven en casas de barro y motacú o techos de plásticos.
De las personas que no tiene recursos cuando tienen problemas de salud ahora que los hospitales están saturados con los positivos y sospechosos del COVID-19, se quedan en su casa con sus enfermedades la cuarentena así lo exige, pero el hambre de los niños es mayor que el miedo a quedar contagiados.













